jueves, 17 de julio de 2008

Palabras de despedida de México

Estas son las palabras que pronuncié ante mis amigos, compañeros (y jefes), en la fiesta de despedida que organicé con Marijose.





"DESPEDIDA DE RAFA


Ya han pasado casi cinco años desde ese lejano día de septiembre del 2003 en el que alucinado miraba desde la ventanilla del avión, la inmensidad de la ciudad que me recibía.

Traía muchos prejuicios y algo de miedo, pero ahora puedo decir que tanto los unos como lo otro han desaparecido de mi mente.

Los primeros días fueron duros; echando de menos a mi familia, sin amigos aún, intentando salir adelante en el trabajo y sin poder disfrutar del tiempo libre encerrado en el hotel...

Mi llegada coincidió con los días festivos por el aniversario de la Independencia; multitud de banderas y sentimiento de patriotismo por las calles, eran días extraños para un gachupín desorientado.

A las pocas semanas, cuando me encontraba mas suelto por la ciudad (al menos por los alrededores de mi trabajo y de mi casa), comencé a buscar una tienda para hacerme con una bicicleta... los parques y las grandes avenidas con paseo central (perdón camellón), parecían muy amigables para andar en bici... Así fue que antes de cumplir el mes ya me había agenciado a mi querida “Lupita”. La casualidad hizo que en la tienda encontrara un folleto de “Bicymontaña”, (para los que no lo conozcáis se trata de una especie de agencia de turismo en bici), a través de la cual pude conocer a mis grandes cuates en México.

La bicicleta ha sido para mi la mejor herramienta para conocer amigos, para viajar y mi mayor válvula de escape de la rutina diaria. México sin bicicleta hubiera sido un lugar mucho más gris y duro de sobrellevar, aunque Marijose probablemente no piense de la misma manera.

Pero México para Marijose y para mi ha sido mucho mas central en nuestras vidas de lo que nunca pudimos imaginar; pues nos ha dado la oportunidad de conseguir a nuestros queridos hijos; Víctor y Yuritzi, algo que no tenía ni mucho menos planeado la primera vez que pisé el país.

México cambió nuestras vidas para bien y para siempre, por lo tanto puedo decir que venir a vivir acá ha sido sin duda (pero sin saberlo entonces) la mejor decisión que he tomado nunca. La existencia es así; cada uno de nosotros tiene cierta capacidad de decisión, pero las consecuencias de nuestras elecciones son impredecibles y profundas.

Pero como en la vida, no todo es (ni debe ser), agradable ni placentero; México a veces es terrible; la injusticia social, la violencia, la ignorancia y la corrupción nos pegan bofetadas en la conciencia día tras día, para que no nos aletarguemos. Es cierto que estos problemas no son exclusivos de los mexicanos, pero aquí parecen tan enquistados, tan institucionalizados que frecuentemente a uno le invade la desesperanza.

Hemos vivido momentos muy importantes de la historia de este país, la mayoría de vosotros no comparte nuestro punto de vista, no hemos tratado de convencer a nadie, pero si llamar la atención sobre la desidia social de muchos mexicanos privilegiados como sois la mayoría de mis amigos. Reconocemos que la política en este país está desprestigiada, pero esto no es excusa para mirar para otro lado y sobre todo algo que me repugna y que tanto se da en México; el gran desprecio al resto de ciudadanos que no tienen nuestro estatus. Me duele cuando escucho hablar sobre esos pinches repartidores de tacos, muchachas, nacos, indios, obreros, vendedores ambulantes, viajeros del metro, de la pesera, votantes del Peje, manifestantes, zapatistas, mujeres de Juárez, Bicitekas, alter mundistas y tantos otros. Yo mismo me he sentido en ocasiones vilipendiado por apoyar a estos grupos, (y no digamos Marijose) por los que os considero mis amigos...

Pero no quiero despedirme con puros reproches, creo que a lo largo de estos años ya habéis tenido bastante a través de los correos que he enviado y de las tertulias que hemos mantenido, solo espero haber removido aunque sea un poquito alguna conciencia adormilada o endurecida.

Hablando de mi vida laboral, esta etapa ha sido una en las cuales mas he aprendido, y no solo hablo de temas formales como el funcionamiento de la administración en el exterior o temas técnicos de mi especialidad, he aprendido sobre todo de relaciones humanas, en una oficina pequeña como es esta (comparada con la sede del Ministerio), en la que todos nos conocemos, las relaciones son profundas, complejas y no siempre cordiales.

En el Exterior uno se siente mas útil que en las oficinas centrales en Madrid, la acción consular, aquí es real y diaria, la atención al público es vital, uno está al lado de los diplomáticos en su tarea y se siente como pieza importante de la maquinaria.

Aunque estoy perfectamente comprometido con mi trabajo, esto no quiere decir que siempre tenga que compartir la línea oficial de la Administración Española; por ejemplo no estoy de acuerdo en aspectos como la organización del Servicio Exterior, la política de personal y ciertas actuaciones en política exterior, ¿pero quién está plenamente satisfecho?.

No se imaginan, como voy a extrañar esta eterna primavera mexicana, las maravillosas excursiones que hemos compartido, los senderos de Chiluca y del Ajusco, los tacos y enchiladas a los que tanto me he aficionado, a las salsas picantes, especialmente al guacamole, a la salsa pico de gallo, y al chipotle. Al privilegio de escalar una montaña de mas de 5000 metros, saliendo el sábado y regresando el domingo a casa, el poder convivir con indígenas que intentan vivir como hace cientos de años, que apenas tienen para subsistir pero que te lo ofrecen todo. Y lástima que me voy ahora que empiezo a dominar la ciudad sin extraviarme cada vez que regreso de casa de mi amigo Efraín, de Puebla o de Cuernavaca, ahora que ya se pronunciar correctamente Iztaccíhuatl, Tlalpan, Tlalnepantla, ahora que podría pasar por chilango por mi manera de manejar y mi jerga de naco.

Aunque esto es una despedida, creo que a México volveremos en cuanto se nos presente la menor oportunidad, ya es una parte central de nuestras vidas, en cierta manera nos sentimos pertenecientes a este país, nos ha influido de una manera definitiva y nos ha dado mas de lo que nunca jamás podremos ofrecerle; nuestros pequeños.

Utilizando una frase de una maravillosa película; “El río de la vida” dirigida por Robert Redford, en el momento cuando un predicador hace un epitafio sobre su hijo; yo traslado estas palabras para este país: México, al que se le puede amar plenamente sin entender totalmente.

Un abrazo para tod@s y brindemos por México.

¡¡ Viva México!!


Rafita 2008"

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen discurso de despedida, y además lejos de lo políticamente correcto.
No me he registrado porque no me parece necesario (ni se muy bien cómo), espero que con la firma me reconozcas.
Prometo escribir más, que veo que tienes pocos comentarios.

Un abrazo.

Govi

Anónimo dijo...

Está muy bien. Es una despedida de amigos, no un formalismo.

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