Cuando en 2003 salí de Madrid de mi puesto en el ministerio para mi nuevo destino en México, no imaginaba cuanto iba a cambiar mi vida.
Existe cierto tipo de gente que asume que está de paso, como los diplomáticos, y no son tan permeables al entorno que les toca vivir en cada puesto, se hacen distantes, porque sino su vida sería demasiado mutable; un nuevo país cada dos o tres años, si esto supusiera cambios radicales en la vida sería algo de locos…
En mi caso no puedo decir lo mismo, en poco más de seis años mi vida ha dado dos giros fundamentales; uno por país. El primero fue la adopción en México de mis dos hijos Yuritzi y Víctor y el segundo en Cuba, la ruptura con la que ha sido mi pareja hasta ahora; Marijose y mi nueva relación con la que siento que será la mujer de mi vida; Taimi.
Cuba, Cuba, Cuba un país tan peculiar que los propios cubanos para explicarlo le llaman “planeta Cuba”, una Revolución tan desvirtuada, donde Socialismo degenera en “socio-lismo”, que tantas decepciones ideológicas me está dando, y que sin embargo no me ha hecho perder la fé en el ser humano, mas bien todo lo contrario.
Corrupción, desidia, desorganización, amiguismo, falsedad, manipulación, censura, represión, hipocresía, “burrocracia”, irrealidad, estos y muchos otros epítetos se quedan cortos para definir este estado de paranoia que vive esta sociedad, donde las consignas estatales, y la vida real están a años luz las unas de la otra. Y eso duele a una persona como yo, nieto de un voluntario del Frente Popular en la Guerra Civil Española, que se crió en el idealismo de sus padres, luchadores sindicalistas, gente de izquierdas, radical si se quiere, que aún piensan que otro mundo es posible, que creyeron en las revoluciones que enarbolaban la bandera de la justicia social y el reparto de la riqueza. Cuba en muchos aspectos está mejor que los países de su entorno, pero es que muchos de estos son de los mas pobres de América y el mundo, Haití, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador… Los estándares objetivos de calidad de vida de Cuba, como esperanza de vida, mortalidad infantil, niveles de escolarización, son superiores a estos países e incluso comparables al llamado 1er. Mundo. Pero hay que vivir en Cuba o pasar una buena temporada para darse cuenta que lo que mejor hace el estado Cubano es marketing hacia el exterior; la educación y la sanidad no son la maravilla que el Castrismo “vende” al exterior. La Revolución hizo un gran esfuerzo durante los primeros años, con muchas dificultades y mucho voluntarismo, y desde luego se sacó de la miseria, de la insalubridad y del analfabetismo a millones de cubanos, pero todo aquello fue degenerando con el paso de los años, el aislamiento forzado por el embargo, la sovietización y la radicalización de Fidel, terminaron por generar una maquinaria dónde el mantenimiento formal de la ortodoxia comunista ha sido y sigue siendo el principal objetivo. Los diez millones de cubanos son todos una especie de funcionarios subvencionados paupérrimamente, sin estímulos, sin libertad de expresión, que no son dueños prácticamente ni del colchón donde duermen (si es que duermen en un colchón), que si tienen sueños de mejorar en la vida, o bien se integran en el “aparato” o bien se ven abocados a la clandestinidad para ganarse unos dólares, a robar, o a escaparse hacia el vecino del norte jugándose la vida sin ninguna garantía. Los empleados no se esfuerzan, las empresas no tienen productividad, se roba a manos abiertas y a todos los niveles, la intendencia, la logística, vienen dirigidas por personas incompetentes, ajenas e infra-estimuladas, esto unido al embargo, que es real, que hace daño, mucho daño y que es la mejor excusa del Castrismo, trae como consecuencia el desabastecimiento, la carestía, la inoperatividad de muchos proyectos.
El cubano, imaginativo, superviviente, vivo al fin, reinventó el vocablo resolver, que es la palabra mágica que le da sentido a este laberinto absurdo. Resolver puede ser sinónimo de robar, inventar, fabricar, buscar, encontrar, reparar, sustituir, componer, revender, traficar, contrabandear, sobornar, etc… Es un eufemismo que define el esfuerzo, ingenio y energía que tiene que consumir el cubano cada día para poder sobrevivir.
Continuará…
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